Centenario del Observatorio San Jose

Por Alberto Delfino
a Diego, Ricardo y Germán
El Espíritu de “La Torre”

“El Observatorio San José, otorga a Alberto Delfino el presente diploma por haber completado el curso de Astronomía Estelar”. Siete de Diciembre de 2007, firmado por los Ingenieros Ricardo Castiñeiras y Diego Giraudi.

El logo desarrollado para conmemorar los cien años de Observatorio.
Así versa el pergamino colgado en la pared de la habitación de Fernando, hoy mi escritorio (bueno, compartido con Patricia, mi esposa). Este diploma comparte pared con otros dos del OSJ: uno de Astronomía Observacional y el otro de Sistema Solar, también firmados por Ricardo y Diego. 
Esos eran los tres cursos que se dictaban en ese tiempo en el aula de “La Torre“.
Nadie crea que soy una persona importante, pero necesito contarles que hay varios diplomas que pueblan las paredes de ese cuarto, Certificados de otros Observatorios, de Universidades, de Empresas y Prestigiosos Institutos de estudio, pero esos tres cuadritos del OSJ son distintos, obviamente, los que más quiero porque son los testimonios de una historia de sensaciones y de sentimientos.

Esta es la historia del Observatorio San José y del espíritu de su torre.
El mirador del Colegio San José fue construido en el centro de la manzana a fines de 1870 con una base de seis por cinco metros y una altura de cinco pisos, siendo inaugurado con la fiesta de premios del año 1870. 
Su cresta almenada, a modo de atalaya medieval, domina un entorno de paz en cuyas manzanas arboladas se ocultaban casonas con alero, huerta, jardín y palomar.  La torre apenas terminada, fue declarada por el Ejercito Nacional, observatorio ideal del barrio y  así figura en los mapas militares de la época, viéndose ocupada por las tropas en la revolución.
Hoy es viernes, la tarde se apoya suavemente sobre el contorno de los edificios, que como gigantes de piedra, forman fila hacia el Oeste sobre la Avenida Rivadavia, ya aparecen las primeras estrellas, como si fuese una ceremonia pagana para consultar el oráculo, trepo lentamente, para evitar sofocarme, noventa y nueve peldaños de madera aceitada de esa vieja escalera, casi sin tiempo, eterna creo yo, totalmente mágica como todas las cosas eternas.

La Torre de día…

La onomatopéyica escalera se queja chirriando a cada pisada, pero permanece estoicamente erguida amurada con tornillos pasantes a las cuatro paredes de la torre, habitada por grandes astrónomos desde Tales a Hobble cuyos retratos cronológicamente colgados desde la base de la escalera hasta su estrecho ocaso en la cúpula, fueron pintados por las propias manos de Diego, Germán y Jorge.

En las clases de historia de astronomía los retratos de los maestros griegos  medievales y renacentistas son sacados de sus puestos estratégicos en la escalera y llevados al aula para ser presentados a los alumnos, en ese momento, se produce la magia, toman vida y gobiernan todo el ámbito, embriagados por el hechizo de la melodía que Diego destila magistralmente de su zanfona y de su gaita, entonces, ya no se sabe quién es quién: el profesor se convierte en juglar, el alumno se siente astrónomo y los astrónomos se escapan de sus marcos para protagonizar las clases, en esas noches cargadas de estrellas y arcanos, todos somos transportados a un mundo mágico, a un mundo único, envuelto por el espíritu de la torre.

La Torre, preparándose para la observación…..

Una escalera de madera tipo campanario lleva al cuarto piso, que como un puesto de vigilia rodeado por un balcón, eligió su morada el Padre Pommés, prefecto general de disciplina del colegio. Allí, durante varios años cumplieron tristes penitencias los alumnos candidatos a la expulsión. La construcción del salón de actos durante la segunda década del Siglo XX modificó la torre, que ganando un piso en altura cedió dos metros de ancho a la caja del escenario teatral, adoptando así el tramo final de la escalera una construcción empinada. 

En 1913, los padres Pommés y Lamanne concibieron la idea de instalar en el mirador un observatorio astronómico. El telescopio Mailhat, un astrográfico ecuatorial que sería donado por el Sr. Sinforoso Molina, padre de un alumno, e instalado al año siguiente. 
Numerosos sacerdotes estuvieron encargados de dar clases de astronomía; los padres Taillefer, Mourrié, Guithou, Grange y Gay, así el observatorio funcionó en forma continua hasta la década de 1970, cuando 
muriera el padre Gay, última persona que lo dirigiera. A partir de allí La torre quedo cerrada y en el olvido por varios años. 

El telecopio Mailhat hoy.

La noche de octubre se presentaba templada y Patricia ansiaba recordar aquellas tardes de sábados y cine en la salón de actos del Colegio San José, quería volver a vivir y recordar a sus dos hermanos, ex alumnos del colegio correteando por los patios y las galerías invadidas por las enredaderas y los recuerdos.

La ocasión no podía ser mejor para ello porque era “La noche de los Museos” y el Observatorio San José abría generosamente sus puertas, como todos los años, para que los vecinos del barrio de Balvanera recorran su sala de antiguos instrumentos y su mítica cúpula.
Entró al hall del colegio, caminó el patio de honor, pero no se animó a subir los noventa y nueve escalones de la escalera de madera que como un puente del tiempo, une la Tierra con esa mecánica ventana del cielo, la cúpula del observatorio.
El telescopio Mailhat en 1985, antes de colocarle el control electrónico.
No subió hasta la cúpula, hizo algo mucho mejor, me regaló un mundo que jamás había conocido, un mundo con un cielo estrellado, un  cielo infinito y eterno y lo que es todavía más importante, en ese mundo había gente, la gente del observatorio San José, los creadores de ese mundo que en poco tiempo me atrapo cambiándome la percepción de ver el cielo y la forma de transitar la tierra.
Alguien le entrego un pequeño folleto donde se hacia una breve reseña histórica del Observatorio e invitaba a participar de las clases de astronomía. (Lo que está escrito en negrita es la transcripción literal de ese folleto.
Patricia, conociéndome desde siempre un apasionado contemplador de estrellas, me mostró el folleto e inmediatamente me dijo: “toma para que recuerdes que yo siempre pienso en vos”.   

En 1980 el Observatorio San José fue reabierto. Las tareas de restauración y reconstrucción fueron llevadas a cabo por alumnos de 5º año dirigidos por el profesor Alberto Raikier. Así, para la feria de ciencias de 1981 se volvía a la actividad luego de un largo ensueño y sumándose en el año 1982 a la comunidad de observatorios amateurs.

En 1984 se organiza el primer curso de astronomía y se conformaban grupos de investigación en diferentes áreas de astronomía, siendo a partir de allí que ambas actividades seguirían en forma ininterrumpida.

En 1998 se actualizaban los instrumentos de observación adquiriendo una nueva cámara electrónica para toma de imágenes astronómicas y en 2001 se adquiría un nuevo telescopio con  guiaje electrónico.

En el 2002 el Observatorio sería designado por el Honorable Senado de la Nación como “De Interés Científico y Cultural”.

Logo de la Noche de los Museos, donde participa activamente el Observatorio del Colegio.

En 2006, tres años después de acondicionar y restaurar parte del patrimonio educativo del Colegio San José en la sala de Antiguos Instrumentos, el Observatorio San José, pasaría a formar parte de la Red de Museos de la Ciudad Autónomas de Buenos Aires y a participar en la Noche de los Museos.

La noche del 11 de agosto del 2011 no pude pegar un ojo, me movía de un lado hacia otro en la cama hasta que, sin querer,  logré despertar a Patricia.
¿Qué te pasa?, me pregunto con los ojos a media asta.
Mañana doy mi primera clase de Historia de la Astronomía y el miedo no me deja dormir, conteste embebido en un sudor frío y envolvente como la misma noche.
Ese simple papelito que me había entregado Patricia en Octubre de 2007, me conecto con aquellas personas que lo habían escrito y ellos tuvieron la osada pretensión de transformar a este simple contemplador de estrellas en un profesor de historia de astronomía.
El 12 de Agosto del 2011, a las 20 hs., me encontraba, aterrado frente a los alumnos del primer curso de historia de la astronomía del OSJ.
Menuda responsabilidad la que había tomado, pero, de a poco el miedo fue cediendo paso al entusiasmo de transmitir no solo los conocimientos sino, (lo que es más importante y difícil), volcar en los alumnos la magia, el talento y el sentimiento (porque no decirlo) que me habían transmitido a mí en los cursos que había tomado en el OSJ.
Esa era la gran responsabilidad que yo sentía, no defraudar a aquellos que me supieron transmitir la esencia del OSJ,  el verdadero espíritu de la torre, el carácter de la República Vertical, como nosotros llamamos a ese ámbito mágico lleno de sueños y entusiasmo.

Un curso en las hermosas instalaciones del Colegio.

Ahora estaba yo, ante ellos, los alumnos que esperaban de mí, esa condición casi mágica.     

En el 2013 el Observatorio San José sigue creciendo e incorpora un nuevo curso de telescopios, dictado por Sergio, además en este año se festejan sus primeros 100 años y pretendo, de alguna manera, hacer un homenaje a Diego Giraudi, Ricardo Castiñeiras y Germán Folz, quienes le dan vida a este maravilloso ámbito de cultura y ciencia, desde hace más de treinta años, en el cual, generosamente me brindaron, a mí y a muchos otros, la oportunidad de crecer como individuo sin competir con nadie, transmitiéndome con su humildad, desinterés y creatividad, el propio Espíritu de la Torre.
Hoy es viernes, la noche ya está madura. Orión, una vez más, zafó de su eterno perseguidor, El Escorpión que ahora domina el cielo, y aquí en la tierra, nosotros abandonamos nuestra república vertical porque Juan, el dueño de la pizzería, nos tiene preparados su exquisita fugaceta rellena de jamón y queso y una buena cerveza negra para brindar por nuestros sueños, por nuestros nuevos proyectos y por ese espíritu que nos lleva a concretarlos, “el espíritu de la torre”. 
Reconocimiento al Observatorio por su trabajo.

Ese espíritu mágico que todos los viernes transforma nuestra cena en una ceremonia de celebración a la amistad.

Más de cien años de esfuerzo y muchos hombres fueron los que han transitado las antiguas escaleras del Observatorio San José, que sigue hoy fiel al espíritu de los padres fundadores: 
“Conocer siempre más y compartir la maravilla de la Creación”   

Από εδώ, σηκώστε τα μάτια σας να παρατηρήσουν τον ουρανό
A partir de aquí levanta tus ojos para observar el cielo (frase escrita en la puerta de la cúpula del OSJ)