Astronomía multifacética

Por Daniel Julián Checa

De Ciencia Milenaria a Turismo Astronómico.

La astronomía puede ser considerada como la ciencia más antigua. Aparece ligada a los orígenes de las inquietudes humanas más ancestrales.

De fondo, pintura rupestre de los Anasazi, registrando la supernova del Cangrejo, en el año 1054. Al frente, la Luna modernamente registrada.

Su historia y evolución es por demás interesante, ya que se encuentra relacionada a la filosofía, las religiones, la ciencia, las construcciones imponentes (como las vinculadas a los faraones egipcios), cuyos enigmas aún hoy desvelan a los estudiosos y atraen la atención de quienes atisbamos su atrapante exposición de belleza y conocimientos, de una precisión sorprendente en lo astronómico para su época.

Los avances que sucedieron al desarrollo científico que impulsó la física moderna, impactaron tristemente al terminar la primera mitad de siglo pasado, en el modo terrible de finalizar la segunda guerra mundial. Pero es indudable también, que en la segunda mitad, esos mismos desarrollos impulsaron una mejora sustancial de la calidad de vida y una evolución de la astronomía de una manera tal, que ha extendido notablemente su presencia en los medios de comunicación y su ámbito de entusiastas seguidores.

Es real que su conocimiento riguroso, tiene una fundamentación físico matemática muy compleja, cuyo abordaje requiere un bagaje herramental no accesible para el común de la gente. Pero no es menos cierto, que su actual divulgación, responde a una inquietud generalizada, que a través de un gran abanico de alternativas, puede dar respuestas adecuadas a todos. Claro, atendiendo cada caso particular y en el marco cultural específico que se requiera.

Científico, pseudo-científico, histórico, mitológico, filosófico, religioso. De nuevo, como antaño, el cielo como protagonista convertido en una fuente inagotable de preguntas de difícil respuestas. Pero desafiando tanto nuestra curiosidad, como nuestra creatividad.

Así, llegó a convertirse hoy en una especialidad llamada acertadamente: “Turismo Astronómico”. Esta denominación tiene la ventaja de poner la actividad, dentro del contexto “Turismo”, siendo por lo tanto aplicable a ella, el marco conceptual enriquecedor del turismo actual y todas sus variantes alternativas. Por ejemplo, es sabido que en la concepción clásica del turismo tradicional, la idea del llamado “destino turístico” era muy fuerte. Casi determinante en muchos casos. Hoy en cambio, un aspecto relevante en la forma de encarar el turismo moderno, es el cuidado en atender especialmente la llamada “motivación” que anima al turista potencial. Ser capaces de identificar con claridad esa motivación singular, es necesariamente previo a cualquier intento de satisfacerla.

Para ello, hace falta saber escuchar integralmente (gestos y actitudes corporales incluidas). Por mucho que pueda parecernos que el cielo fue históricamente el primer calendario y así las constelaciones eran fundamentales para marcar los períodos de siembras y cosechas, aburriremos hablándole de mitología a quien este motivado por el conocimiento que hoy tenemos, de los aspectos físicos (no funcionales), de las estrellas (su origen, nacimiento, evolución y fin). Esto por decir algo, ya que no solo la recíproca es cierta, sino que podríamos abundar mucho en otros ejemplos.

Sin intención de desanimar a quien se acerca a esta nueva actividad, tan nueva como apasionante, señalo simplemente los riesgos de confundir nuestros gustos o prejuicios, con el de los demás (tal como en la vida, no sólo en turismo).

Finalmente, si bien en el cielo hay lugar para todos, es bueno reflexionar sobre al menos, dos aspectos fundamentales:

Primero: es necesario sentir el gusto por leer y comprender aquello que queremos trasmitir. Nadie puede dar lo que no tiene.

Segundo: tanto mejores serán nuestras posibilidades de éxito, cuanto mayor sea la diferencia entre lo que aprendimos y lo que pretendemos explicar. No solo por el margen necesario para contestar preguntas, sino porque cuando se llega con lo justo, se nota.

El turismo astronómico requiere guías capacitados y con experiencia vivencial de aquello que se ofrece. Ya sean abstracciones surgidas del conocimiento teórico, o de lo concreto observacional. Como es el caso de cualquier otro guía o acompañante turístico.

Es abismal la diferencia entre el que ama, conoce y se apasiona por lo que ofrece y el que lo “vende”, en función de un objetivo meramente comercial, a veces hasta con ideas erróneas. Lo he disfrutado o padecido, según el caso, varias veces (viajes o cursos). Siempre se nota. Y al ser el turismo astronómico una variante del turismo cultural, se nota más.

La habilidad es lograr extraer lo interesante y divertido de la ciencia, y hacerlo llegar al turista común, sin tecnicismos.

Como diría el escritor norteamericano Walt Whitman, en su obra “hojas de hierba”:

Cuando escuché al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas
las pruebas y guarismos,
cuando me mostraron las tablas y diagramas
para medir, sumar y dividir,
cuando escuché al astrónomo discurrir
con gran aplauso de la sala,
de pronto me sentí inexplicablemente
hastiado, hasta que me escabullí de mi asiento
y me fui a caminar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
mirando de rato en rato,
en silencio perfecto a las estrellas.

MALDITO WALT WHITMAN!!! HOJAS DE HIERBA MIS POLAINAS! (Homero pensaba que esa era la tumba de su mamá)