Ciencia y Religión, Reconciliables diferencias

Por Daniel Julián Checa

Cuando el genial Bertrand Russell discutía el argumento de la Primera Causa acerca de la existencia de Dios (1927), decía que era de la misma naturaleza que la opinión hindú de que el mundo descansaba sobre un elefante y el elefante sobre una tortuga. Cuando le preguntaron  ¿Y la tortuga sobre que descansa?, el indio dijo: ¿Y si cambiámos de tema?

Mas modernamente, muchos científicos trabajan ahora en lo que llaman la cuestión del “ajuste fino”, según la cual, habría determinados parámetros físicos que, sólo siendo los que son, harían posible la “realidad” observable en el Universo.

Tampoco es muy seria, si no colma nuestras necesidades,  la explicación de la Gran Explosión o Big Bang (término que curiosamente se acuño peyorativamente), la hipótesis de una previa implosión de un universo anterior y así graciosamente varias, para constituir la llamada teoría del acordeón. Me animaría a decir, que tampoco es fácil de conciliar con la pretendida rigurosidad científica.

¿De donde vino el “Big Bang”? según algunas ideas científicas (la “teoría del acordeón”), provendría de una anterior implosión: el Big Crunch

Claramente, independientemente del tiempo transcurrido entre sendos escenarios y de cuestiones de forma relacionadas con la presentación, ambos (el relato hindú y el presente), tienen en común patear la pelota para adelante, ante la imposibilidad de dar una respuesta mejor.

El conocimiento en todas las disciplinas se ha logrado en base a una modelización de la realidad, que aún perfeccionándose sin solución de continuidad, jamás llega a confundirse con ella. El Big Bang no escapa a esta concepción.

Claro que, ignorando el instante inicial (a definir), tenemos armado un fantástico modelo (sucesivamente actualizado para mantenerlo vigente), desarrollado en el marco y con las limitaciones físico-matemáticas actuales (las que por otra parte, sabemos dinámicas y circunstanciales).

Convengamos que el primer facilitador de acercamiento entre ciencia y religión es, en mi opinión, consecuencia del hecho que hoy la comunidad científica internacional tiene un modelo “creacionista” (guste o no reconocerlo), para pretender explicar el misterio de la existencia.

Aunque visto en perspectiva global, sea dicha explicación casi un sofisma cosmológico.

Es decir, funciona de la misma forma que el concepto matemático de “límite”. Nos acercamos por aproximaciones sucesivas, pero “ahí” (lo que diferenciaría el algo de la nada, al decir de Leibniz), no llegamos.

Entre el tiempo t=0 y t=(10 a la -43), la religión y la ciencia convergen en la especulación pura.

Cuando en otro ámbito (también de astronomía), dónde se discutía la Radiación Cósmica de Fondo, se me ocurrió el año pasado decir que en ese pequeño espacio de incertidumbre, donde hasta nuestra física se abstenía, había tal vez un lugarcito para Dios, y me saltaron a la yugular.

Hubo solamente un moderador ejemplar que intercedió por mí y me salvó de la hoguera pseudo-científica. Eso, constituye en mi apreciación, una postura dogmática negativa, contraria a la apertura mental. Da igual si viene de creyentes o no.

Máxime, cuando estamos planteando en contraposición a los supuestos cuentos de la Mitología y en nombre de la sagrada Ciencia, que nada existía antes del momento en que nuestro universo era de la dimensión de un punto con densidad infinita, llamado en un alarde semántico “singularidad”. Y en ese punto, a diferencia de los creyentes ingenuos, concentramos toda la materia, la energía, el espacio y el tiempo. Y listo. ¡Toma!

Hoy se habla mucho que la Radiación Cósmica de Fondo, consolidaría el modelo científico.

Se la interpreta generalmente como una reliquia del momento en que una fuerza singular en un tiempo inimaginablemente corto, fue liberada 300 mil años después del Big Bang, el cual fue tan violento, que el universo todavía continuaría expandiéndose.
Se supone que de esa fuerza se dividieron las actuales 4 fuerzas fundamentales. Uno puede internarse en las cavilaciones clásicas de Kaluza-Klein, tratando de superar las abstracciones implícitas asociadas a un espacio-tiempo de 5 dimensiones, a través del cual se intenta unificar las fuerzas gravitacional y electromagnética.

Lo menciono, por citar un ejemplo elocuente (que me pasó a mí), de que a veces concentrándonos en el árbol, dejamos de ver el bosque. Ni hablar, si el bagaje físico-matemático nos da (que no es mi caso), para meternos con los algoritmos propios de cuestiones más modernas y aún más multidimensionales, la teoría de las cuerdas, el multiverso y otras minucias por el estilo. Allí aumenta considerablemente la posibilidad de perdida de la perspectiva de que lo importante pasa por el gran enigma de la existencia consciente.

Para complicar aún más la cuestión, podríamos también considerar que según los cálculos físico matemáticos, podría demostrarse que toda la materia y energía que conocemos, es muy poca en relación con la que debería existir para que el Big Bang sea consistente.

Entonces,  postulamos  la existencia de una materia-energía hipotética (oscura) para llenar ese vacío.

Pero ocurren dos cosas asombrosas. No interactúan con 3 de las 4 fuerzas (nuclear débil, nuclear fuerte, ni electromagnética), sólo con la fuerza gravitacional y representarían el 96% respecto al total.

Como esta dividida supuestamente las cosas en el Universo. La materia común (Normal matter) solo el 4%, en cambio la materia oscura (Dark Matter) alcanza el 21% y la energía oscura (dark energy) el 75%……

También puede pensarse “simplemente”, que en el origen, en un instante, se generó todo el espacio conocido. Es decir, no es que una galaxia se alejaría de otra, sino que se generaría espacio entre ellas. Y ese espacio, interactuaría entonces  con la materia.

Es decir, el espacio no existía antes. Si no había partículas (¿sólo había radiación?), no había espacio (inherente a la partícula). La explosión sería una expansión que generó el espacio. Ergo, no habría velocidad de expansión, sino generación de espacio. Pero (siempre hay un pero….), hasta donde yo sé, no hay todavía ningún modelo físico que explique cuál es el fenómeno que crea espacio. Todavía no puede sustentarse.

¿Estamos entonces hablando de meta-física? Les recuerdo a quienes no compartan esta postura que, entre describir una hipótesis y construir un modelo sustentable, hay una diferencia abismal.

Todo lo anterior, para introducir la segunda gran posibilidad de acercamiento actual, en mi opinión, entre ciencia y religión: hoy, la física teórica y la teología, están unidas por la misma necesidad de fe para creer. 

Años luz, cuando Hessen, en la Introducción de su Teoría del Conocimiento, explicaba brillantemente las diferencias entre ciencia, religión, filosofía, arte y demás, que evoco nostalgiosamente.

La contundencia de la evidencia empírica, ligada a la imagen clásica del ámbito científico, es tan conveniente como esquiva en la actualidad. Aunque les pese a muchos seguidores de Feynman.

El concepto validador de la “prueba”, no es hoy excluyente en los “modelos” físico-matemáticos evolutivos (se la acepta diferida y así se da muchas veces).

Ya dije en el artículo anterior que la vida en general, constituida por los mismos átomos, está en permanente evolución. La expansión del Universo, debe ser acompañada coherentemente por la de nuestras ideas. La comunidad científica tiene hoy una visión sobre el Cosmos, desde la cual convendría hacer una actualización teológica. Pero, también desde la Cosmología actual, hay que repensar a Dios. Las reconciliables diferencias a las que alude el título, dependen de la voluntad de acercamiento mutuo. Las condiciones están dadas.

Este es para ambas partes, el desafío en pos de la complementariedad. En la búsqueda del conocimiento, lo cualitativo siempre precederá a lo cuantitativo. Y de todas las muestras de soberbia, la menos entendible es la de quien escudriña el universo. Si esa mirada, que asombra deleita y genera múltiples interrogantes sin respuesta, no da humildad, ¿qué más? Para mí, poner el ojo en un ocular y contemplar en introspección silenciosa (lo que puedo y hasta donde puedo), es casi una experiencia religiosa.

Claro, en el sentido que yo llamo “religiosidad en serio”. Tal vez, a la que se refería Einstein cuando decía estar seguro de la existencia de Dios (aunque no creía, que ese Dios se involucrara en la suerte y destino personal de cada uno).

En el modelo actual de Big-Bang, ninguna ley física permite predecir nada entre el momento el tiempo cero y 10 a la -43 segundos… una fracción de tiempo insignificante. Sin embargo, si alguien dice que Dios estaba en ese momento potenciando la explosión, desde el punto de vista científico no puedo negarlo categóricamente, ya que la ciencia nada puede predecir en este instante…..

Conozco muchos autodenominados agnósticos, que son un maravilloso ejemplo de este tipo de religiosidad. Si bien para algunos la Radiación Cósmica de Fondo puede ser nada más que una especie de remanente respaldatorio que consolida un modelo; para otros tendrá un significado adecuado en cada caso, a la fe que profese y ambas interpretaciones valen.

Insisto, tanto las características creacionistas del modelo aceptado por la comunidad científica hoy, como la necesidad de fe que muchas veces acompaña a la física teórica actual, acercan las posibilidades de reconciliación entre ciencia y religión.

Tener (realmente), una mente abierta, es el requisito indispensable para un diálogo fecundo y constructivo entre ambas. Nada más (ni nada menos).