Psiquiatría y Astronomía

Dra. Nora Leal-Marchena
Psiquiatra

“Que otra cosa vislumbras en la lejanía, allá en el abismo del tiempo?
                                                            William Shakespeare, “ La Tempestad”.

Desde el comienzo de la historia la humanidad, el hombre ha levantado la cabeza hacia el cielo preguntándose acerca de sus orígenes, de las razones por las que se encuentra en la tierra y de la incertidumbre por su devenir.

Diferentes caminos han intentado dar respuesta a estas preguntas que son universales para todos los seres humanos.

Las distintas religiones se fundan en estas preguntas, a las que responden con axiomas absolutos e irrefutables.

La filosofía, con sus más diversas corrientes, se interroga acerca del lugar del hombre en el cosmos, de su origen y su futuro.

Debido a la natural curiosidad humana, estas respuestas no alcanzaron a satisfacerle, y así nacieron las ciencias, que a través de la investigación, van dando respuestas que dejan permanentemente caminos abiertos a más preguntas, porque mientras más avanza el ser humano en sus conocimientos, más se amplía el campo de su desconocimiento.

Pero más allá de los caminos que haya seguido la humanidad frente a estos interrogantes científicos o metafísicos, cada ser humano en su fuero más íntimo ha utilizado sus propios recursos para aliviar la ansiedad que causa la falta de certeza.

La mayoría de las personas ha dejado estos interrogantes en algún lugar recóndito de su mente, como encerrado en una bohardilla, y continúan viviendo sus vidas corriendo tras los hechos cotidianos, poniendo límites mucho más cercanos y accesibles a su existencia, consiguiendo así la ilusión de vivir en la certeza.

Otros no han podido recurrir a encerrar la incertidumbre en las arcas de la represión y han sucumbido a la locura.

Este trabajo fue motivado en la observación realizada durante años de experiencia como psiquiatra, de la frecuencia con que la astronomía, la cosmología y la cosmogonía aparecen como temas centrales en los delirios de los pacientes psicóticos.

Numerosos historiales clínicos dan cuenta de que junto con la mística, son las materias que más argumentos han dado a los síndromes delirantes.

Este tema no es ajeno a la Asociación Argentina de Amigos de la Astronomía que, mantenia guardada una caja a la que llamaban -un poco en broma, un poco en serio- “Manicomio”,  donde se van acumulando cartas, folletos y ensayos que contienen relatos de experiencias y teorías con versiones astronómicas delirantes. En estos escritos se encuentran productos de una imaginación incontenible, que son afirmados como verdades.

Se trata de relatos prolijos, con gran acumulación de detalles, escenas, falsos recuerdos de imágenes desplegadas en visiones maravillosas del universo o en un desarrollo grandioso de acontecimientos cósmicos.

Estos pacientes nos refieren que han visitado la Luna, han construido pilares en la bóveda celeste, están en comunicación con el Sol, han recorrido túneles espaciales o han sido elegidos por seres de otros mundos para realizar sus contactos.

También se observa que hay personas aparentemente interesadas en la astronomía, que se comunican de un modo directo y concreto, pero a veces una sola palabra pronunciada basta para desatar un delirio, abundante en explicaciones en las que utilizan vocablos científicos y ligan de un modo medianamente coherente todo un desarrollo en el que falla el basamento.

Ocurre que viven simultáneamente dos mundos diferentes, uno real que pertenece a las relaciones cotidianas y otro ficticio creado por la fantasía delirante.

Vemos así, que es frecuente encontrar una producción paralógica con las facultades intelectuales intactas. Estas personas suelen ser estudiantes o trabajadores que llevan una vida de relación aparentemente normal y esta temática se dispara solo en ocasión de algún estímulo específico.

Las imágenes privilegiadas de sus fabulaciones están formadas por teorías cosmogónicas, por concepciones astronómicas o astrológicas que juegan con los mundos planetarios.

Utilizan un vocabulario pseudocientífico que muestra una exhuberancia vacía de contenido. La riqueza de elementos en un delirio, es medida de la capacidad intelectual de un paciente y tales delirios evidencian hasta tal punto una riqueza en su expansión, que el psiquiatra suele hallarse sobrepasado cuando intenta describirlos.

El pensamiento mágico integra las primeras etapas de la evolución normal del ser humano y en todos se conserva siempre un resto de este mecanismo de pensamiento, por muy evolucionados que lleguemos a ser.

Pero estos conceptos mágicos son controlados y rectificados por el juicio, cuando son absurdos. En cambio las producciones delirantes escapan al rigor crítico porque el juicio ha perdido vigor.

Esta experiencia conferida a lo fantástico es uno modo de existir fuera del tiempo y del espacio o por lo menos de sus representaciones habituales. Lo irreal, lo que no existe y no puede existir es aquí lo posible.

No es el objetivo de este trabajo aburrir a los astrónomos abundando en detalles técnicos que hacen estrictamente a la psiquiatría sino simplemente señalar que tanto la astronomía como la cosmología son las ciencias que tienen el privilegio de compartir su objeto de estudio con uno de los núcleos temáticos centrales de la locura.

Finalmente cabe la pregunta dentro de cada uno de nosotros sobre cómo y porqué llegamos a sentir el gusto por mirar el cielo y acercarnos a las estrellas para escrutar mundos lejanos.

Tal vez podamos pensar que tenemos una chispa que impidió que guardemos todas las preguntas en la bohardilla y veamos que conservamos estos interrogantes originales que como los genios y los poetas compartimos con los locos.