Maravilloso Cielo Estrellado

Por Daniel Julian Checa
¿Que vemos cuando miramos?

En principio, una belleza indescriptible, que conmueve y es fuente inagotable de preguntas, cuyas tímidas e incompletas respuestas, no hacen más que generar otras preguntas y así, sin solución de continuidad.

Con sentimientos de pequeñez, asombro, agradecimiento y tantos otros que desde luego, dependerán de la sensibilidad, formación, creencias, estructura psíquica y cultural de cada uno.
Pero, eso no es todo.

Ya habíamos hablado en artículos anteriores del espectro visible, la materia oscura, la energía oscura…

Cuando a las limitaciones de nuestros sentidos, le sumamos los conceptos que desde la astrofísica, pretenden explicar la realidad del universo, yo por lo menos, quedo pasmado.

Pero eso que me maravilla, es entonces nada más que una parte del todo.

Ahora, vamos a agregar a lo anterior, algo realmente sustantivo en todo esto, que tal vez sea lo más importante. Me refiero a que nada de lo que vemos es lo que es, sino lo que fue.

En nuestra experiencia cotidiana, casi todo lo percibimos como ocurriendo con simultaneidad.

Simultaneidad…. no siempre es tan clara…..

Parece así cuando miramos. También cuando nos comunicamos, por ejemplo,  con un celular. Es una comunicación del tipo equipo – torre terrestre – equipo, (si no es satelital!). Parece todo instantáneo. 

Pero, en rigor de verdad, lo real no es así.

Tomamos conciencia que ocurre algo diferente cuando en una tormenta, observamos las diferencias de tiempo entre relámpago y trueno. Pero habitualmente no lo generalizamos.

Permítaseme recordar nostalgiosamente, que el primer satélite artificial de la Tierra (Sputnik 1), llevaba 2 transmisores desde los cuales se recibió la primera comunicación espacial. Claro, era unidireccional (un modesto “bip”) y el tiempo transcurrido entre emisión y recepción, era insignificante. Hoy, 57 años después, lo tenemos en cuenta y la realidad es muy elocuente.

Estampilla conmemorativa del Sputnik.

Las comunicaciones entre Neil Armstrong y Houston (Luna – Tierra), tenían entre preguntas y respuestas, un espacio de silencio de 2,6 seg.. Actualmente con Marte, casi 45 minutos. Con Saturno, 3 horas (Sonda misión Cassini-Huygens). Con las Voyager (en viaje hacia el espacio exterior), andamos en las 30 horas.

Cuando vemos un amanecer, el Sol es el que era (no el que es), hace 8 minutos y 20 segundos, que es el tiempo que tarda la luz en llegar desde él (podría ya no existir). 

Ni hablar de la imponente estrella Betelgeuse que está a 500 Años Luz. La vemos como era hace 500 años…. (¿estará allí todavía?).

Betelgeuse tal como se puede observar hoy en día, con la mas alta tecnología. Esta imagen corresponde a la luz que salio de la estrella poco después de la llegada de Cristobal Colon a América….. Nunca vemos la realidad. 

No existen en nuestra visión observacional del espacio, datos del presente.

La información no cuenta con el tiempo necesario para llegar al observador en tiempo real. Para ello, debiera propagarse a velocidad infinita, lo cual ciertamente no ocurre.

A escala cósmica, la velocidad de la luz constante en el vacío y finita (300000 km/seg), es lenta.

Pero es una suerte que así sea. Nos permite divagar con la imaginación, jugar con hipotéticas máquinas del tiempo, con la llamada experiencia de los gemelos.

El límite lo pone cada uno y los científicos van corriéndolo con tanta audacia como perseverancia.

Celebro que el tiempo que la luz tarda en viajar, nos permita mirar hacia atrás.

Cuanto más lejos miramos, más nos desplazamos en el tiempo. Soñando, investigando, teorizando, a gusto del consumidor.

Si la luz viajara en forma instantánea, no sabríamos nada sobre nuestra historia cósmica.

En un Universo como el que tenemos, con una velocidad de la luz finita, el tiempo que tarda en llegar la señal de regiones lejanas, hace que no veamos el Universo como es realmente, sino como “evolucionando” en el tiempo. Si la velocidad fuera infinita, entre otros efectos, todas las galaxias se verían viejas como la Vía Láctea. No tendríamos posibilidad de ver la evolución, y seria sumamente difícil deducirla.

Ya lo sé. Todo esto es elemental y conocido.

Pero teniendo en cuenta que ahora, cuando creíamos poder relatar el final de las estrellas masivas, matemáticamente se cuestiona la existencia de los agujeros negros (y en consecuencia la actual concepción teórica del pretendido horizonte de sucesos), se me ocurrió volver a algo básico. Simple y sabido, pero también cierto y aparentemente, físicamente consistente (hasta hoy, claro está).

Además, este tema básico ha sido siempre tan motivador para mí, que he querido recordarlo. 

Si a alguien lo estimula a pensar sobre lo que vemos en realidad cuando miramos un maravilloso cielo estrellado, habrá valido la pena.