El infinito…. ¿es grande o pequeño?

Por Daniel Julián Checa

Si, ya sé que el tema es remanido y justamente por conocido, tal vez no indicado para armar un artículo de interés general.

No obstante, voy a intentarlo, ya que me acompaña como inquietud asociada a muchas disciplinas, tanto desde el punto de vista de la investigación, como del divertimento.

De ahí a que lo logre, hay mucha distancia. De modo que viene a cuento el dicho español: “el que avisa no es traidor”, por si quieren dejarlo acá.

Recuerdo imborrablemente a mi hijo menor, llorando en la cocina de casa cuando tenía apenas 6 años, porque no podía llegar a entender el significado de algo “infinito”. Claro, ya antes me había sorprendido preguntándome en una plaza, porque las hojas de los árboles, siendo pequeñas, daban en el suelo una sombra tan grande. 

Bromeábamos con esas cosas, le pusimos entonces como sobrenombre “el filósofo”, pero más allá de eso, la cuestión encierra la seria dificultad de entender ese concepto.

En mi propia historia, el “infinito” apareció asociado a cuestiones relacionadas con la matemática. Luego comprendí que el tema tiene vinculaciones con la filosofía (de ahí el apodo a mi hijo). 

Incluso también, tiene aristas que lo asocian con la religión. Ya era un asunto relevante entre los antiguos griegos (¡cuándo no!). Platón y Aristóteles primero, Euclides y Arquímedes después. Las cuestiones dialécticas de entonces siguen vigentes y en los mismos términos, sintetizadas en las eternas preguntas:

¿El mundo existe desde siempre y por siempre?


¿Cómo concebir la eternidad?


¿Puede “algo” no tener un comienzo y tampoco tener fin?

Luego, con el tiempo, uno se acostumbre tanto, que en vez de un infinito usa varios.

Pero la realidad, es que la original dificultad y el consiguiente rechazo, ese que la inocencia de un niño expresa con total naturalidad, sigue estando presente: Lo infinitamente pequeño, a nivel de las partículas; lo infinitamente grande, a nivel de la evolución cósmica y lo infinitamente complejo, a nivel de la evolución biológica y humana.

¿Exagero? Ustedes resuelvan. Los invito a pensar al respecto.

Ya he dicho en artículos anteriores que así como desde lo religioso, existe un modelo creacionista que pretende dar respuesta emocional a los enigmas de la existencia, desde la ciencia se presenta hoy un modelo aceptado mayoritariamente por la comunidad internacional, que pretende dar respuestas racionales. El llamado Big Bang.

Lo infinitamente grande: el Universo.

Ambos modelos, rigurosamente hablando, tienen en común la misma necesidad de fe para creer. Me refiero al “instante” (definido con la fugacidad que seamos capaces de imaginar), llamado genuinamente “inicial” (en que la pretendida“creación” tuvo lugar).

Esto no simplifica mucho las dificultades asociadas al concepto de “infinito”.

Si por ejemplo, hubiéramos elegido para su representación geográfica una simple “recta” (sin principio ni fin), ahora tendríamos una “semi-recta”, ya que le pusimos un origen (todavía insustentable desde la Ciencia), pero no sabemos qué pasará en el futuro.

Puntos gráficos, de tamaño finito, puntos geométricos, infinitesimalmente pequeños, rectas, (infinitas, sin comienzo ni fin), semirectas (infinitas, un comienzo sin un fin), y Segmento ( de tamaño finito, comienzo y fin)

Haciendo abstracción de ese “detalle”, desde el punto de vista de la investigación científica podemos hablar de una larga cadena evolutiva, muy interesante y apasionante (cósmica, biológica y humana). 

Claramente aparece la posibilidad de considerar no uno, sino tres infinitos bien diferenciables (lo infinitamente pequeño, lo infinitamente grande y lo infinitamente complejo), tal como quedó planteado unos párrafos más atrás.

Muy sucintamente, vamos a señalar algunas características de ellos.

Cuando yo era chico, el átomo estaba constituido por electrones, protones y neutrones. Ahora sabemos que los protones y neutrones están constituidos por partículas más elementales (nombres como fermión, bosón, han estado en primera plana de diarios recientes).

Se esperan resultados desde Suiza (Ginebra), a través de las actuales experiencias con el acelerador de partículas. Están constituidos básicamente por grandes anillos (cerca de 40 km. de circunferencia y tal vez haya que construirlos mayores), donde se generan elevadas energías que permiten,al introducir partículas, lograr que desarrollen velocidades cercanas a las de la luz y hacerlas colisionar.

Infinitamente pequeño: átomos de carbono, vistos a través de un microscopio de efecto túnel. 

Así se trata de desentrañar lo que ocurrió en los primeros instantes del Big Bang, estudiando las partículas subatómicas sometidas a la interacción de las cuatro fuerzas fundamentales, que obviamente en el momento inicial de la creación debieron ser solo una.

Valgan estas someras referencias para ejemplificar el mundo de lo infinitamente pequeño.

Cuando hablamos de evolución cósmica, es casi intuitivo comprender que hacemos referencia a lo infinitamente grande.

Podemos decir que los 13700 millones de años que habrían transcurrido desde el comienzo del Big Bang, han dado lugar a la aparición de miles de millones de galaxias. Cada una de ellas, compuesta de miles de millones de estrellas. La cuna de todas las estrellas, han sido las nebulosas (condensaciones de nubes de polvo y gas). Vamos a referirnos a nuestra estrella, el Sol, ubicada en nuestra Galaxia (Vía Láctea). Está cerca y permite conclusiones significativas.

Existirán los Multiversos? Son multiples y tal vez ¿infinitos? universos,  más allá del Big Bang…….

El estudio del proceso físico de fusión nuclear que permitió comprender el “funcionamiento” de una estrella, se relaciona con el mundo de lo infinitamente pequeño, que vimos antes, pero en el contexto de lo infinitamente grande, a dimensión cósmica. Baste decir que la clásica reacción protón- protón, consiste en sucesivas colisiones de núcleos de Hidrógeno, en las que se libera energía en forma de rayos gamma. Los mismos, luego de colisionar con la materia estelar, alcanzan la superficie y salen al espacio, pero en el caso del Sol, puede demorar hasta un millón de años.

De modo que al estudiar el nacimiento, vida y muerte de las estrellas, ambos infinitos muestran sus características propias, según el tipo de proceso al que hagamos referencia.

Como si lo anterior fuera poco, aparece lo infinitamente complejo, asociado a la evolución biológica y humana.

Sería largo describir y analizar aquí, esta etapa evolutiva, comparativamente muy breve. Por demás interesante, pero casi de última hora. Tan rica en matices, que merecería un capítulo aparte. Lo que sí surge como evidente, es que la frutilla de la torta somos sin duda nosotros.

Infinitamente complejo: la vida.

El ser humano preguntón, llamado poéticamente:”polvo de estrellas con conciencia”, con una histórica, vehemente, incesante y fundamentalmente, singular búsqueda de sentido para su vida.

¿Exageraba? Me parece que no.

Empezamos teniendo dificultad con el primer infinito y ahora . . ., ya ni preguntamos cuántos son. Pero nos manejamos aquí con tres, coexistiendo en el modelo casi desapercibidamente.

Para finalizar, quiero agregar que se me hace presente el elocuente relato de la rana, según el cual, podemos hervirla viva siempre y cuando, la pongamos en una olla grande a temperatura ambiente y luego, vayamos calentando el agua a razón de 1°C cada hora. Como la rana, nosotros nos hemos acostumbrado a muchas cosas, ante las cuales tampoco “saltamos” porque la continuidad y gradualidad, venció nuestra conciencia y/o mecanismos de defensa.

Cualquier generalización que trascienda lo fisiológico (ética o moral, por ejemplo), corre por cuenta del lector.