El salto en el tiempo más largo de la historia

El salto en el tiempo más largo de la historia, los Strauss y el genio de Kubrick. 

Seguramente el film de culto “2001 Odisea del Espacio” siempre será recordado junto a los inconfundibles compases que lo identifican: los de la composición “Así habló Zarathustra” de Richard Strauss.

No obstante, son muy pocos los que rescatan la genialidad del director Stanley Kubrick al resolver magistralmente lo que se considera “el salto en el tiempo más largo de la historia de la cinematografía”.

Esto ocurre al comienzo del film cuando un primate arroja al aire un hueso cuya imagen se transforma – en un instante de cuatro millones de años – en una nave espacial que flota en el espacio.

La secuencia queda planteada en dos fotogramas pero acarrea una dificultad propia de semejante reto.

¿Cómo señalar inequívocamente, y en lenguaje cinematográfico, que esta nave es de la Tierra y no extraterrestre?

En el año del film (1968) nunca se había visto una realización con semejante despliegue tecnológico como los de “2001”.

Más aún, lo habitual eran las producciones “clase B” que referían sus historias a otras civilizaciones, vidas alielígenas, invasiones interestelares, etc.

¿Cómo no confundir al público entonces?

Kubrick resolvió el tema como sólo él podría haberlo hecho:

Musicalizó (quizás lo recordemos) el suave desplazamiento por el espacio con la inolvidable melodía de “El Danubio Azul” perteneciente a otro Strauss: Johann Strauss (hijo).

Inconfundible referencia para todos los que habitamos la Tierra.

Ahora sí no había dudas.

La nave era “nuestra”. Era humana.

Y viajaba rumbo a la Luna con la misma placidez con que se baila un vals en un salón de Viena.

En el siguiente video puedes disfrutar unos minutos de la escena.