La ciencia y el hombre – Plutón y el amor

Por Daniel Julian Checa

Plutón y el amor

 

El mayor acercamiento a Plutón de un objeto creado por el hombre (esperado para el próximo 14 de julio), ha motivado mi reflexión sobre dos circunstancias que, más allá de la astrofísica, tienen que ver con un aspecto mucho más inextricable, que es el de nuestras actitudes, comportamientos y sentimientos. Nunca me cansaré de decirlo, a pesar de mi formación físico  matemática.

Clyde Tombaugh en su casa de Nuevo Mexico en 1980.
Clyde Tombaugh en su casa de Nuevo Mexico en 1980.

Claro, es nada más que mi visión, pero quiero compartirlo por si a alguien le sirve.

El primer aspecto, está relacionado con mi convicción (experiencia de padre y docente), que los chicos (gracias a Dios), suelen ser inmunes a nuestros discursos, pero esponjas respecto a lo que hacemos con nuestra vida, pasiones y acciones en términos de conductas observables, que es lo que importa.

Digo esto porque el descubridor de Plutón nació en 1906. Tenía apenas 4 años cuando el Cometa Halley nos visitó por penúltima vez. Vivió ese episodio en su casa, de una manera muy singular.

Obviamente no por él, sino porque para su padre, ese acontecimiento fue trascendente.

En efecto, sentía su familia la fascinación de la observación estelar. Mamó el gusto de mirar el cielo en su hogar. Asombro, descubrimiento,  deslumbramiento, todo eso junto. Con tal fuerza, que marcó definitivamente a ese chico.

Nunca dudé que si hubiera yo nacido de una familia hindú a orillas del Ganges, creería que la vaca es sagrada. Por eso me maravillan quienes con su ejemplo, influyen positivamente en Las inclinaciones de los jóvenes. Afortunadamente en astronomía, hay en nuestro país muchos que lo hacen.

Clyde de niño con su familia
Clyde de niño con su familia

Ya que no podemos hacer nada respecto a la falta de conciencia de la docencia implícita que conlleva cualquier función de dirigencia (política, sindical, empresaria, estudiantil, etc), es bueno que no desperdiciemos nuestra oportunidad, de poner  cada vez que podamos, el granito de arena de nuestro testimonio positivo personal.

Luego sí, vino lo que todos ya sabemos bien. A pesar de vivir inicialmente como granjero, fabricó su telescopio, hizo dibujos que le valieron conseguir un empleo en el Observatorio Lowell, desde donde, toda su experiencia observacional hizo que apreciara el movimiento de un objeto de 2300 km a 6000 millones de kilómetros de distancia, en el año 1930. Una hazaña. Objeto que tenía chapa de planeta (ostentada muchos años, por cierto), cuando su descubridor fallece en 1997.

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Clyde aproximadamente en 1930

Aquí podríamos abundar a pura astronomía, en cosas muy interesantes relacionadas con la evolución del conocimiento del Sistema Solar durante casi 70 años, pero no es mi intención.

El segundo aspecto que si quiero enfatizar, relacionado con otra de mis convicciones, es el lugar del amor en una relación de pareja, como consecuencia de tomar la decisión de compartir la vida. Como esa relación se construye laboriosamente, puede ser tan sólida que uno de ellos, solo puede desaparecer  físicamente. No en vano se dice que nadie muere en realidad, mientras haya alguien que lo recuerde.

Yo quiero rendir aquí un tributo no solo a la pasión por la astronomía de Clyde Tombaugh, sino también  al amor de su esposa y compañera  Patricia Edson Tombaugh.

Efectivamente, se dan un par de hechos  muy curioso en el año 2006. Suele decirse que Plutón pierde por una decisión de la UAI, la categoría de Planeta. Esto es para cualquiera con sentido común (no en vano el menos común de los sentidos) una verdad a medias.

Como sea, desde entonces es un Planeta Enano, que no es un Planeta. Todos sabemos que un adjetivo, no modifica el sustantivo. Por supuesto, hay Estrellas enanas, que son Estrellas (y podría dar muchos más ejemplos). Pero habla en forma elocuente, de la pretendida “rigurosidad” de la que, a veces, pretende hacer gala la sagrada ciencia. Desde luego, no cuestiono para nada que es un objeto “menor” de una categoría diferente a los 8 Planetas convencionales y que además, todas las clasificaciones son odiosas, pero podíamos haber sido un poco más cuidadosos y prolijos.

Esta es una de las tantas cartas de reclamo de niños que se quejan diciendo que Plutón es un planeta. Fueron enviadas a Neil deGrasse Tyson.
Esta es una de las tantas cartas de reclamo de niños que se quejan diciendo que Plutón es un planeta. Fue enviada a Neil deGrasse Tyson.

Como una curiosa compensación, ese mismo año 2006 parte con destino a Plutón la misión Nuevas Fronteras (New Horizons). No he visto por ahí que nadie reparara en esa coincidencia. A mí me encantó. ¿casualidad?.

Otra vez, habría mucho para decir desde la astrofísica. Tanto acerca de la tecnología espacial como de la asistencia gravitatoria planetaria en este viaje de la NASA. Pero eso puede leerse en muchos lugares.

Yo me quiero detener en la presencia, en el momento y lugar del lanzamiento, de su esposa. Su compañera de siempre, con quien estuvo casado más de sesenta años y fundaron una maravillosa familia propia con dos hijos. ¿Por qué estaba allí esa menuda mujer, de cabellera blanca? Para acompañar las cenizas de su esposo, que la sonda llevaría en un cofre convenientemente acondicionado, al eventual encuentro con Plutón. Por amor.

Clyde y su esposa Patricia
Clyde y su esposa Patricia

Ese momento casi increíble, está próximo a producirse.  Cuán cerca estarán finalmente sus cenizas de lo que este hombre en vida vio y lo desveló desde aquí. No lo sé. Pero, comparativamente, es como llegar realmente. Así siga luego su viaje por el cinturón de Kuiper y vaya uno a saber que irá a descubrir.

Su mujer, quien fuera su segundo amor  (dos años posterior al que tuvo con Plutón), posibilitó este destino para sus restos mortales, tan inédito como maravillosamente poético.

Es nada más que un símbolo. Lo sé. Pero de esos que valen la pena: El ansia y búsqueda afanosa del conocimiento y la fuerza de la pareja humana.

Lavoisier me ayuda a pensar que, en alguna forma y en algún lugar, Patricia y Clyde, dentro de un mes, sonreirán. Tal vez, festejen juntos una vez más.