Las preguntas astronómicas más difíciles

De vez en cuando me invitan a dar una charla sobre astronomía en colegios, institutos, escuelas y en grupos de interés especial como boy-scouts, grupos de médicos, empresas, etc.

Para mí es un gusto participar y hablar de astronomía, pero lo que más me gusta es la parte de las preguntas. Es esa parte emocionante, cuando uno se pone a prueba, cuando veo si las puedo contestar o no, y si las puedo contestar qué bueno y si no, me gané algo qué aprender ese día.


Pues bien, resulta que los niños hacen las preguntas más curiosas e interesantes.

Una vez, en el Colegio Belga, una niña me preguntó: “Si las estrellas son tan calientes, ¿por qué el espacio es tan frío?”. Son preguntas en las que no llevas la respuesta prefabricada en tu cerebro; son preguntas nuevas, frescas, hay que pensar más para contestar. Las estrellas tienen temperaturas de 6 mil Kelvin como el caso del Sol, y hasta 30 mil Kelvin, o más, en el caso de las gigantes azules, pero la temperatura media del espacio es de 2,3 Kelvin, o sea – 270.7 grados Celsius.

El autor en plena tarea.

Resulta que la respuesta es elaborada y tiene que ver con el mecanismo de cómo la energía se va disipando en el espacio y las grandes distancias; no es fácil de contestar.

En otra oportunidad, estando con jóvenes de 6o. grado de un colegio de la capital, hablaba del Big Bang y les dije que la radiación de fondo era el eco del Big Bang.

Un joven levantó la mano y preguntó: “Si es un eco, ¿en dónde está rebotando?”. Silencio total… todos, viéndome. ¡Y resultó que yo tampoco tenía la respuesta! ¡Qué vergonzoso! No pude contestar.

Pero prometí averiguar la respuesta y fui a consultar con un amigo licenciado en Física, en la Universidad del Valle.

Él me indicó que es incorrecto decir que esa energía es un eco y que a pesar de que hay textos que la mencionan como “el eco del Big Bang”, solo la tratara como energía pues, el chico tenía razón, no está rebotando en ningún lado. Yo estaba equivocado.

Los públicos de gente adulta hacen menos preguntas, o hacen preguntas que casi siempre son las mismas, por el temor al qué dirán. Los adultos tenemos más temores y muchas veces no preguntamos porque nos da miedo que digan qué pregunta tan tonta. Pero no hay preguntas tontas.

Las preguntas comunes de los adultos, independientemente del gremio al que pertenecen, son: “¿Ha visto usted un ovni?”. “¿Es cierto que el planeta Nibiru viene a chocarse con la Tierra?”. “¿Cree usted en los extraterrestres?”. Las preguntas nos dicen lo que está en la mente de las personas.

Una vez me tocó ir a un colegio donde la maestra me advirtió: “Son niños pequeños, por favor no les hable de temas complicados”.

Muy bien, dije yo, hablé de la Luna, les mostré fotografías de los planetas, y al terminar, ¿cuál fue la primera pregunta que me hicieron? Fue: “¿Qué es un agujero negro?”……

Los agujeros negros están en la mente de los niños. Les atraen, les dan curiosidad. Por lo tanto, debemos hacer esfuerzos por explicarles, en términos sencillos, lo que son. Es como tener hambre y comer algo rico. Es un hambre de conocimientos.