¡Bienvenido 2017!

Por Daniel Julian Checa

(Carta Abierta a mí mismo)

Querido Daniel, te ruego me permitas esta vez, una mirada cansada, casi decepcionada. Nostálgica en todo caso. De ninguna manera resentida y definitivamente, sin ánimo de ofender a nadie.

Argentina potencia

Lo cierto es que, concluyendo ya un año particularmente difícil, me resisto a escribir simplemente los buenos deseos que tradicionalmente son habituales en estas festividades.

No puedo evitar hacer balance y en el actual, la realidad es triste. Para colmo, muchos que prometieron enfáticamente irse del país si ganaba las elecciones el actual gobierno (haciendo gala de un muy particular sentido de la democracia), todavía están aquí (haciendo gala de un muy particular sentido de “lo prometido es deuda”). Ni amagaron con cumplir su palabra. Minga (en significado lunfardo, claro).

Otros, nos entusiasmamos con las promesas para el final del primer semestre y ya finalizando el segundo, remamos para remontar una esperanza incierta. Aunque más no sea que por aquello de ser lo último que se pierde. Para colmo, estoy convencido que un final distinto en la última opción (no elección) electoral, hubiera arrojado peores resultados al presente (sí, todavía).

El sinceramiento económico del que tanto se habla, es en mi modesta opinión, sólo una parte del sinceramiento amplio, global, necesario para una real y verdadera transición. Involucrándonos debidamente, como corresponde.

No obstante, superar la hipocresía, depende solo de nosotros mismos y no parecemos dispuestos a hacerlo, lamentablemente. Habrá que esperar el juicio histórico. Yo no lo veré.

Pienso en relación con la teoría darwiniana, que alguna vez, el “homo sapiens” necesito por razones de subsistencia, ser egoísta. En ocasiones, para nada solidario con las necesidades del prójimo. Incluso a veces, tuvo tal vez que darle un palo en la cabeza. Pero hoy, dichos comportamientos humanos, me suenan anacrónicos, por decirlo suavemente. O abiertamente miserables, para ser más preciso.

La concientización cívica como pre requisito de una democracia genuina, pinta ser una utopía por estos lares. Pero es la que facilita, tanto el fortalecimiento de las instituciones, como la vigencia cierta de un estado de derecho auténtico. Aquí y en cualquier lugar. Lo otro, es un burdo remedo, bien lo sé.

Nos queda pensar en nuestro rol protagónico, cada nueva feliz oportunidad de emitir nuestro voto.

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Después, no ir a cortar calles y molestar a otros. Simplemente por aquel precepto constitucional de que “el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes”.

Aceptemos de una vez por todas que el pensar diferente no es deleznable, ni tampoco desestabilizador. Que el pluralismo enriquece. Que hay “funciones” públicas que deben representar un honor para quien se postula para ejercerlas. Que constituyen además, una especial responsabilidad, que no es una carga, sino un privilegio. Nunca un vil recurso indecente de enriquecimiento ilícito.

No en vano somos producto de la inmigración, fundamentalmente española. Después italiana y también, otra gente sufrida europea y mejor formada, radicada por ejemplo en Misiones, si miramos al Norte o Chubut, si miramos al Sur, por citar nada más que dos casos en ambientes muy diferentes. He visto por la zona de Gaiman, el funcionamiento de comunidades y escuelas, que no se puede creer lo bien que trabajan. Evidentemente, es otra gente. Otra historia/tradición cultural. Otros valores. Otro sentido de co-responsabilidad. No exigen dádivas. No se infectan de un nefasto populismo demagógico.

Y si, la política (bastarda, partidista), asquea. Yo ya únicamente confío en los cambios que dependen de la educación y esos se verán recién en el largo plazo. Si se dan. Para ello, nuestra condición humana deberá evolucionar (sí, en algunos sitios del planeta esa evolución está demorada), en el sentido de la conciencia social, la responsabilidad y el compromiso. Hoy está muy verde. Cavernícolas y corruptos coexisten, con una minoría maravillosa que lucha, estudia, trabaja, ama, se brinda y comparte su vida, ilusiones, sueños y ansias de una convivencia mejor. Representan un estímulo formidable. Asumamos cada uno como mejor podamos, el rol que nos corresponde en el “mientras tanto”. Hasta encontrar el buen camino.

La Política (así con mayúsculas), en el sentido Aristotélico, está ausente. Las familias también dan pautas negativas, toda vez que pretenden transferir lo indelegable, no ofreciendo en casa los valores esenciales que hacen a la educación (saludar, pedir permiso, decir gracias, ser honesto, valorar la dignidad del trabajo, respetar el derecho del otro, etc).

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La escuela, que no es para ser “tomada” por alumnos en connivencia con sus padres (algunos afectos a “trompear” a los profesores). Por el contrario, debiera tener como misión, instruir y reforzar la educación general de base.

Requiere no funcionar primariamente como un comedor sustituto (salvación nutricional de muchos niños y grandeza moral de quienes se ocupan de ellos) y tener al frente “maestros” con verdadera vocación, comprometidos con su tarea y actualizados con las necesidades de la “sociedad del conocimiento” que se viene. Con planificación seria y sin improvisaciones. Con paternidad responsable presente.

Como recomiendan en España, al que le vaya bien el sayo, que se lo ponga. Somos muchos. Ya sé que  hay familias en situación de extrema pobreza y como dijera Benjamín Franklin en el célebre “Almanaque del Pobre Ricardo”, es muy difícil que un saco vacío se mantenga derecho. No le hablo a ellas, sino a los otros, a quienes esto nos calza como guante. Por eso reflexiono conmigo mismo al respecto.

Hacer de la Argentina el gran país que soñamos, dependerá de todos y cada uno.

Así como hacer realidad nuestros personales deseos para el próximo año 2017, dependerá de nuestra decisión, de ser verdaderos protagonistas en el desarrollo de  cada uno de los 365 días que tenemos por delante para lograrlo.

A la hora del brindis, este año levantaré mi copa pensando en procurar comportarme como el mejor ciudadano, vecino, esposo, padre, familiar, amigo, profesional, docente, divulgador científico y fundamentalmente, la mejor persona que sea capaz de ser.

Con el firme propósito de asumir que las acciones tienen consecuencias y las mías, serán debidas a mis decisiones.  Y deseando que los demás, acompañen también sus deseos con sus compromisos.

Agradezco a Dios todas las oportunidades (aprovechadas o no) de ser feliz. Pido perdón por mis fallas y ayuda para hacer realidad mis sueños y poder contribuir al logro del de los demás.

Cómplice saludo y suerte amigo.

(Solía decir sabiamente mi abuela: Dios te de suerte hijo, que el saber, poco te vale).

Chin, chin.

Daniel Julián Checa

(PD.: Recordarle a mi ser dubitativo cuando juzgue, que siempre lo “mejor”, es enemigo de lo “bueno”).